Ahora soy empresario, pero he trabajado de muchas cosas. Uno de los trabajos más curiosos que he tenido ha sido el de portero en el Palacio de Deportes Martín Carpena para los partidos del Unicaja de Baloncesto. Un trabajo que me permitía ganar un dinerillo mientras estudiaba y, a la vez, disfrutar de algo que me encanta: el baloncesto.

 

El tiempo me ha terminado llevando a formar parte del equipo de Noelia Losada que desde el Ayuntamiento de Málaga ha realizado una mejora sustancial en la eficiencia energética de la cubierta del pabellón, así como el cambio del parqué a uno técnicamente más moderno y de color verde. Podréis calcular el enorme orgullo.

 

Aquellos años en el Martín Carpena fueron los mismos que estuvo Sergio Scariolo, los años en que ganaron la Copa del Rey, la ACB y llegaron a la Final Four. Creo recordar que fue en las series finales de la Liga ACB cuando escuché a un periodista elogiar a Scariolo de la siguiente manera: ‘es un magnífico entrenador de ajustes. Cada partido va corrigiendo errores del anterior. Si las eliminatorias fueran a 9 partidos ganaría siempre’. Se me quedó grabada esa definición.

 

Poco después me hice empresario, y en las sucesivas formaciones que fui haciendo me encontré mucho con esa definición: la buena gestión pasa por la sucesiva iteración de medir, corregir, implementar y volver a medir.

 

Es una filosofía que he tratado de ejecutar siempre como gestor privado, y es la que valoro en la gestión pública. Un buen político no debe actuar en base a olfato u ocurrencias repentinas sino cimentando sus decisiones en los datos y en la mejora continua, iteración tras iteración.

 

Es por eso que siento orgullo de pertenencia al compartir partido político con Noelia Losada, con Javier Imbroda, con Rocío Blanco, con José Antonio Carabantes, con Elena Aguilar, con José Carlos Martín, con David Obadía, con Alberto Serrano, con José Luis Ruiz Cabezas, con Fernando Guerrero, con María del Carmen López Fernand… con tantos y tantos buenos gestores que están cambiando la forma de hacer política en este país desde la gestión eficaz, la que demuestra que, antes de entrar en cargo público ya sabían hacer las cosas bien.

 

Esa experiencia laboral (y vital) previa es la que creo que les convierte en buenos gestores, y por tanto en buenos políticos. Conocer la vida real, ser capaces de analizar los problemas propios de la institución en la que se desempeñan, plantear un punto de partida, un objetivo y trabajar para alcanzarlo.

 

Muy pocos políticos de muy pocos partidos saben lo que es una planificación de objetivos, una rendición de cuentas, un embudo de conversión, un cuello de botella, una optimización de la cuenta de resultados… en definitiva una gestión eficaz.

 

En Ciudadanos podremos haber cometido errores comunicando decisiones, podremos habernos equivocado escogiendo a algunos de nuestros representantes, pero, parodiando a William Wallace en aquella memorable escena de Braveheart, nunca nos quitarán la gestión.

Artículo de Alejandro Soler publicado en Málaga Actualidad el 8 de marzo de 2022